Toba Tek Singh: entre la locura de la migración y la migración de la locura

 

Dossier

Natalia Wood

 

Para quienes están familiarizados con la literatura moderna-contemporánea del sur de Asia, el nombre de Toba Tek Singh no pasa desapercibido cuando se trata de hablar de migración. Personaje famoso creado por el destacado escritor de urdu Saadat Hasan Manto en su cuento homónimo de 1955, el anciano conocido como Toba Tek Singh ha encarnado no sólo la locura de la migración —¿habrá que decir la migración de la locura? — que los habitantes del subcontinente vivieron durante y luego de la Partición de la India y la creación de Paquistán en 1947, sino también la condición fronteriza que muchos migrantes y refugiados experimentan día con día.

La trama inicia en un manicomio de Lahore, un par de años después de la Partición. El narrador explica que, en aquel preciso momento de la Historia, los gobiernos de ambos países habían decidido hacer un intercambio de locos: los musulmanes internados en la India serían transferidos a Paquistán y los pacientes hindúes y sikhs, religión fundada por Guru Nanak que se origina en la región del Punjab en el norte de la India a finales del siglo XV en Paquistán serían devueltos a la India. Al llegar las noticias de la transferencia, la cotidianeidad en el asilo se tornó caótica pues, de la noche a la mañana, las fronteras hasta ahora conocidas se habían desvanecido: “Si se encontraban en India, ¿dónde se encontraba Paquistán? Y si se encontraban en Paquistán, ¿cómo era eso posible, si hasta el día anterior, viviendo en el mismo lugar, estaban en India?” (“Toba Tek Singh” de Saadat Hasan Manto. Estudios de Asia y África, nº XXX, vol. 1, 1995, p. 140. Traducción de Uma Thukral). Ante estas preguntas, los pacientes respondían según la comunidad religiosa o grupo social al que pertenecían. Así mientras que algunos optaron por encarnar a importantes líderes políticos como el fundador de Paquistán, Mohammed Ali Jinnah, otros como los locos anglo-indios se preocupaban por mantener sus privilegios a la hora del desayuno.

En medio de este alboroto, un personaje capta nuestra atención, el anciano Bishan Singh —mejor conocido como Toba Tek Singh —un hombre sencillo con los pies sobre la tierra: no se había sentado ni un solo día durante quince años. Pese a su extravagancia y a su lenguaje enigmático, el lector se identifica inmediatamente con el anciano pues encarna las preocupaciones de hombres y mujeres comunes que se vieron obligados a abandonar sus pueblos durante la Partición. De hecho, poco le importa al anciano formar parte de la nación india o paquistaní, con tal de no separarse de la tierra que lo vio crecer, pues, pese a haber olvidado casi todo en su locura, Toba Tek Singh, su pueblo natal, permanecía en su memoria. Es por ello que, en todo el cuento, Bishan Singh se la pasa preguntando, ¿dónde se encuentra Toba Tek Singh? El mundo del anciano se derrumba el día de la transferencia, ya que su pueblo se quedaría en Paquistán y él se mudaría a la India. Ante la impotencia, Bishan Singh se queda parado en la línea fronteriza durante todo el intercambio. Al amanecer, los policías acuden al lugar al oír un grito seguido de un fuerte golpe en la tierra: “Allí, detrás de la barda de espinos, de un lado estaba la India, y detrás de más bardas de espinos, al otro lado, estaba Paquistán. En medio, sobre un pedazo de tierra sin nombre, yacía Toba Tek Singh” (1995 : p.146).

Sesenta y cuatro años después de su publicación, el cuento “Toba Tek Singh” sorprende por su actualidad no sólo al describir situaciones que se viven dentro del subcontinente, sino también en el resto del mundo. No es casualidad que, en la literatura del sur de Asia, Bishan Singh se haya convertido en un referente para explicar la condición de las personas que han sufrido desplazamientos geográficos forzados. Y es que el propio Manto, apelando a su experiencia como migrante, logra capturar acertadamente la angustia del hombre común frente a las absurdas decisiones tomadas por los grupos políticos en el gobierno. Así, a pesar del desolador final del anciano Bishan Singh, la narración de Manto resucita con cada lectura aquellas voces migrantes que se han desvanecido en las difusas fronteras de las locuras del poder.