Tenemos que hablar de las becas

 

Opinión

Maricela Guerrero

A los colegas del Taller R

Obtener una beca y cumplir con un proyecto artístico, que se discute y presenta en muchos foros, debe ser motivo de orgullo y generosidad; que esa creación sea posible gracias al apoyo de una institución donde se evalúan las propuestas de los creadores de formas cada vez más transparentes, es un acontecimiento que en este país debiera alegrarnos. Más aún, en todo caso, el que se requiera una mayor democratización de apoyos que favorezca la pluralidad y la imparcialidad tendría que movilizarnos como gremios y como sociedad para exigir que haya más presupuesto para arte, cultura, ciencia y deportes; y, sobre todo, una mayor apertura de canales que generen que amplios sectores de la sociedad muestren posturas, obras y opiniones diversas.

La lista de autores beneficiados por el Fondo Nacional de Creadores de Arte (FONCA) y que publica Notimex, fue realizada con datos abiertos de la propia Institución que se pueden consultar sin complicaciones. Ese es un acierto de las políticas de transparencia impulsadas desde diversos sectores de la sociedad civil organizada. Los datos por sí mismos son valiosos. Lo interesante es el tono de la redacción con que son presentados, pues añade una carga moral en la que pareciera vergonzoso obtener un apoyo para crear. Lo grave es considerar que los programas de austeridad deben darse en sectores como arte, cultura, educación o deportes donde es primordial que los apoyos favorezcan más creación, investigación y competencia; que democraticen y distribuyan mejores condiciones de bienestar, vida digna y pensamiento crítico. En ese sentido el artículo escrito por Adriana Malvido me parece una valiosa entrada para discutir al respecto.

La lista de autores que nos ofrece Notimex, aunque hace hincapié en los nombres, nos brinda la oportunidad de recopilar todas las obras, libros y materiales que se han realizado con apoyos del FONCA y la recepción que han tenido en foros locales, nacionales e internacionales. Asimismo, esa nómina nos permite considerar y conversar acerca de cómo es que, con esos apoyos, artistas y obras han abierto discusiones que hace quince o veinte años no eran tan visibles en temas que hoy son sumamente relevantes en nuestras prácticas cotidianas, tales como género, diversidad, raci-clasismo o cuidados y derechos laborales.

La lista también nos permite reflexionar que tanto las artes, como las ciencias y los deportes responden a un trabajo conjunto entre el creador, su familia y un variado y necesario entramado de redes de apoyo para las que se requiere tiempo.

Esta nómina también nos permite considerar que muchos de los becarios que han obtenido su primera beca o publicación representan la primera generación de familias que provienen de estratos asalariados, o que no pertenecen a familias con capital cultural más amplio o glamoroso. Algunos de estos jóvenes lo han relatado en diversos espacios después de las sucesivas descalificaciones a los programas de Jóvenes Creadores, Tierra Adentro y ahora al Sistema Nacional de Creadores. El ejercicio más reciente fue el propuesto por  Paula Abramo y Odette Alonso, quienes convocaron a los becarios pasados y presentes a compartir sus testimonios con el hashtag #YTúQuéHicisteConElFonca

Así que nadie que haya escrito un proyecto, resuelto su propuesta en obra y expuesto sus resultados, comprometido con su trabajo y con las mismas leyes de transparencia —a las que debemos los números y la lista—, debería avergonzarse. Al contrario, tanto ciudadanos como creadores deberíamos sentir orgullo al ofrecer reconocimiento y apoyo económico a quienes realizan trabajo creativo, pues en muchos casos, gracias a esos apoyos hemos sido dignos espectadores de obras que muestran un pensamiento crítico, sumamente diverso que disiente frente a hechos y situaciones que nos aquejan o que en otros casos han sido motivos de alegría.

Además, dadas las condiciones a las que este sistema nos obliga, disentir dignamente requiere no sucumbir al mercado, mucho trabajo colaborativo; y sobre todo, duplicar las jornadas de trabajo para que la obra o la investigación florezcan.

Por cierto, debajo de ese tono que descalifica autores y obras, hay una visión pragmática y poco atenta al bienestar y la dignidad del trabajo propio y ajeno, que considera que todo es mercancía y producción. Por lo que, con toda la holgura que esta maravillosa lengua que habito me permite, déjenme decirles que la vida no puede sujetarse a los deseos de explotación de los empleadores.  La VIDA es mucho más: es gozo, ocio, disparate, belleza, error, muchos errores, alegría, esperanza, combatividad, disidencia, y para que toda esa ebullición acontezca requerimos mucho arte, ciencia, deportes, crítica y ya entrados en gastos, reducción de la jornada laboral para dedicarnos a conversar atentamente con nuestro vecino o vecina de al lado.