Repensar el trabajo vivo desde la izquierda: una subjetivación política en proceso

 

Dossier

Diego Bautista Páez

Élodie Ségal

¿Cómo pensar el trabajo? Durante los años noventa, ciertas posturas, entre ellas las de Dominique Méda, Jeremy Rifkin y André Gorz, decretaron el fin del trabajo como articulador de lo social, al igual que otros afirmaron el fin de la historia y las ideologías. Sin embargo, a la luz de los acontecimientos de la última década, la actividad humana consciente por excelencia regresó por sus fueros.

Aunque el trabajo asalariado persiste como actividad, sus formas se modificaron. La reestructuración productiva transformó los paisajes fabriles y sus poderosos sindicatos fueron derrotados para implantar el neoliberalismo. El Tercer Mundo se llenó de corredores de maquiladoras donde las condiciones laborales son paupérrimas. En México, esta dinámica se impulsó como modelo productivo con los penúltimos salarios más bajos del continente y sin organización colectiva.

A nivel de los servicios emergió toda una serie de “trabajos desechables” destinados a abonar al mantenimiento del capitalismo global desde las periferias hacia su centro. La seguridad en el empleo mutó hacia relaciones individualizadas y temporales. Además, se fueron borrando los límites entre tiempo de trabajo y ocio, gracias al enorme desarrollo de la tecnología. Los trabajadores pasaron de ser asalariados a ser parte de la ideología del capitalismo. Finalmente, este conjunto de características conocidas como precariedad dio lugar a un nuevo paradigma de sujeto social más vulnerable, fatigado y expuesto a los designios del mercado.

De este panorama laboral se han servido los discursos xenófobos e identitarios que pregonan el odio a la diferencia y el miedo a la pobreza. El enorme ejército industrial de reserva —es decir, las filas de desempleados— opera como una presión para cualquiera y para todos, pues el empleo y el ingreso económico que reporta se mantienen como la principal vía de acceso a la ciudadanía. Ante este panorama, numerosos colectivos luchan por su reconocimiento, desde el migrante racializado hasta el amplio número de trabajadoras involucradas en las cadenas de cuidados. A su vez, cambia el contexto global bajo el impulso de las crisis económicas, climáticas, la producción de guerras, la emergencia de penetrantes populismos y la aparición de nuevos actores movilizados —migrantes, comunidades autogestionarias, trabajadores precarios e informales, mujeres, representantes de la diferencia sexual y decolonial. Quizá, incluso podríamos atrevernos a hablar de la formación de una nueva fuerza proletaria global con todas las contradicciones que ella supone.

Por el momento, la izquierda que nació y centró su discurso y esfuerzos organizativos en los obreros, no pudo recuperarse de estas transformaciones, ni tampoco convocar a los nuevos actores para la organización cooperativa. Así, repensar el trabajo se vuelve un ejercicio urgente para el relanzamiento de la izquierda y de la subjetivación política desde la actividad productiva.

La tensión entre izquierda y mundo del trabajo supone preguntas sugerentes que recorren este Dossier: ¿cuáles son las nuevas trayectorias del trabajo asalariado y cuáles son sus alternativas?, ¿existe la posibilidad de que la izquierda incorpore en sus programas y estrategias los nuevos desarrollos tecnológicos?, ¿cuáles son los alcances y los retos de las nuevas legislaciones en materia laboral?, ¿subsiste potencia emancipadora en los trabajadores hoy día?, ¿podemos hablar de la conformación de una nueva clase proletaria en lucha? Al mismo tiempo, nos proponemos recuperar la reflexión de Karl Marx que inicia desde sus primeros escritos filosóficos hasta la redacción de El capital. Si queremos reapropiarnos de los espacios de producción, es necesario entenderlos a partir de la experiencia real del trabajo, es decir, de lo que en los Manuscritos de 1844 Marx llamó “trabajo vivo”. Efectivamente, si bien el capital enajena la politicidad del obrero, a la par, sólo su trabajo crea las condiciones de posibilidad de su riqueza material. Este margen entre alienación y emancipación deja un campo de alternativas y resistencias que conviene abordar desde un pensamiento político de izquierda.

Les invitamos a leer nuestro Dossier sobre el trabajo y a debatir su centralidad en la formación de la subjetivación política.