Nacimiento, muerte y resurrección del nacionalismo revolucionario en México, sobre Randall Sheppard A Persistent Revolution

 

Opinión

Jorge Puma

El primero de diciembre de 2018, López Obrador usó su discurso inaugural ante el Congreso de la Unión para reclamar el manto de las grandes transformaciones nacionales y acusó a las últimas cinco administraciones de ser las causantes de la crisis social por la que atraviesa México. Esa narrativa histórica atrae a un amplio segmento de la población, pero es totalmente extraña para sus opositores liberales y conservadores quienes creen que la transición hacia la democracia y la modernidad económica tuvo un cierre en la elección presidencial del 2000. Esos críticos mantienen su rechazo a la narrativa de la “Cuarta Transformación” y tratan de caracterizar al nuevo gobierno como la expresión local del fantasma global del populismo. 

Randall Sheppard sugiere una explicación alternativa del inesperado resurgir del nacionalismo mexicano a partir de la tenaz persistencia de una narrativa que explica la historia de México a la luz de sus grandes revueltas populares (la Independencia, la Reforma y la Revolución). Sheppard sostiene que la idea liberal de nación y el culto a los héroes nacionales difundida durante el Porfiriato se mezclaron con ideas de “justicia social” luego de la Revolución. Ese “nacionalismo revolucionario" se convirtió en un lenguaje de negociación a través del cual actores populares y la élite se reconocían simbólicamente la legitimidad y así podían comunicarse, a veces con resultados benéficos para las clases populares.” (251)

Sheppard privilegia los temas relevantes a la discusión política mexicana en lugar de acudir a los temas típicos de la academia norteamericana o europea. En su libro utiliza fuentes que van desde artículos de opinión y noticias de diecisiete periódicos y revistas mexicanos y cinco extranjeros, hasta libros de crónica política. La lista corresponde a lo que una buena biblioteca o puesto de revistas de cualquier ciudad mediana en México podría incluir en su acervo: de La Jornada a Vuelta, pasando por el Norte de Monterrey, el New York Times, el Espectador de Bogotá y el Siglo de Torreón, y libros como Días de Guardar de Carlos Monsiváis y La Noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska. Textos que reflejan a la perfección lo que cualquier lector mexicano con interés en lo público consideraría como bagaje indispensable. A ello se debe que el autor proporcione a su audiencia angloparlante un rápido resumen de los debates académicos sobre el nacionalismo y la modernidad que marcaron las interpretaciones de la “transición democrática” en México. En ese sentido, Sheppard retoma las críticas de Claudio Lomnitz a los argumentos principales de la Biografía del Poder de Enrique Krauze sobre la existencia de una tradición autoritaria personificada en la institución presidencial y cuyos orígenes estarían en una especie de pecado original antiliberal. Al contrario, el énfasis de Sheppard en el nacionalismo revolucionario nos fuerza a reconsiderar la constante participación de agentes del Estado como los profesores de educación básica en la consolidación de una narrativa histórica de usos múltiples.

Hay que tener en mente que después del fin de la Guerra Fría y el levantamiento zapatista de 1994, la academia de izquierda extranjera ha ignorado la evolución de la izquierda partidaria de raigambre cardenista y comunista, así como la importancia del discurso nacional popular en las zonas urbanas. En su lugar, los observadores extranjeros han interpretado los episodios de resistencia contra el Neoliberalismo en México con los lentes de la teoría poscolonial o la lucha por el reconocimiento. Siempre pasan de largo el uso del imaginario nacionalista en las protestas y en las propuestas organizativas de un importante sector de las izquierdas mexicanas. Sheppard corrige esto y trae de vuelta a la discusión la larga historia de lucha electoral y movilización social que comienza en 1968, pero también muestra como las elites neoliberales usaron esa misma retórica para justificar sus reformas. Posiblemente esos procesos expliquen en parte la decreciente influencia del giro Neozapatista contra el nacionalismo y la rampante popularidad del renovado nacionalismo revolucionario de López Obrador.

A contrapelo de los debates recientes sobre el nacionalismo y el populismo hay autores que suelen mezclarlos en una versión actualizada de la teoría del totalitarismo de Hannah Arendt o que buscan conectar al populismo con la historia global del fascismo. Sheppard en cambio utiliza las intuiciones de Benedict Anderson sobre el nacionalismo para plantearnos como en el caso mexicano una compleja red de prácticas no democráticas que se entrelazan con una dialéctica de consentimiento y resistencia. Situación que se expresa en todo momento con un mismo vocabulario nacionalista. Es por eso por lo que Sheppard recalca la importancia de tomarnos en serio la ironía de élites obligadas a seguir repitiendo la retórica de la movilización revolucionaria que las masas usan contra ellas. En otras palabras, es momento de ir más allá de la salida fácil de acudir a teorías de la manipulación de las masas o el recurso a la “falsa conciencia”.

Sin embargo, las limitaciones de este enfoque se encuentran en su dependencia en las fuentes hemerográficas y su limitado dialogo con los estudios provenientes de la ciencia política que desde hace 30 años han tratado de desentrañar el funcionamiento del sistema político mexicano. En ese sentido, para evaluar los argumentos de Sheppard sobre la hegemonía del nacionalismo revolucionario tendríamos que considerar las recientes encuestas de valores políticos en México y otros estudios sociológicos sobre las ideas políticas imperantes entre la población. Aunque el texto es un eficaz antídoto contra la teleología de la historia de México promovida por Krauze, quedan por probarse sus tesis más allá de la coyuntura política actual o el fracaso de las administraciones anteriores de modificar el currículo de historia en los libros de texto oficiales. Sin una traducción al español aún y con dos años de anticipación al momento político que hubiera dado actualidad a sus argumentos, A Persistent Revolution muestra que una mirada del exterior puede darnos una pista para resolver el acertijo del 2018 y sus posibles legados independientemente del éxito o fracaso del gobierno de López Obrador.

Sheppard, Randall. (2016).  A Persistent Revolution: History, Nationalism, and Politics in Mexico since 1968 . Albuquerque, New Mexico: University of New Mexico Press.

Sheppard, Randall. (2016). A Persistent Revolution: History, Nationalism, and Politics in Mexico since 1968. Albuquerque, New Mexico: University of New Mexico Press.