Elecciones en la India: ¿La consolidación de la Derecha Hindú?

 
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Punto cardinal

Daniel Kent Carrasco

 

Las elecciones que se celebrarán entre el 11 de Abril y el 19 de Mayo en la India son, en muchos sentidos, un referéndum en torno a la divisiva y violenta agenda de la Derecha Hindú defendida por el Primer Ministro Narendra Modi.


En diciembre de 1992, decenas de miles de extremistas hindús destruyeron una imponente y antigua mezquita del siglo XVI en Ayodhya, una pequeña ciudad en el Norte de la India. Lo hicieron sin utilizar maquinaria pesada, armados tan solo con picos, tubos y sus propias manos. Desde entonces, este episodio ha sido reconocido como un momento clave en el ascenso al poder de la llamada Derecha Hindú (Hindu Right), un conglomerado de fuerzas encabezado por el Bharatiya Janata Party (BJP), el partido del actual Primer Ministro Narendra Modi.

Enraizada en un etnonacionalismo militante que presenta al Hinduismo como la matriz cultural y religiosa de la sociedad India contemporánea, la Derecha Hindú es reconocida por activistas, opositores, académicos y ciudadanos como una nueva forma de “fascismo comunitario”. En una democracia dominada por las divisiones entre comunidades religiosas, regionales, lingüísticas, regionales, de casta y de clase, el recurso a la amorfa categoría del Hinduismo ha generado enormes réditos electorales desde hace por lo menos tres décadas. Sin embargo, ha azuzado la violencia en contra de las minorías. Esto ha sido especialmente dramático en el caso de los musulmanes, una minoría de casi 160 millones de personas, quienes son presentados por la Derecha Hindú como extranjeros e invasores.

Ayodhya no es un foco de poder político y la extinta mezquita no era un centro relevante para el Islam en el Sur de Asia. Como tantas cosas en la política India, su importancia es simbólica. En la tradición épica del sánscrito, incluyendo el Ramayana, la legendaria ciudad de Ayodhya es descrita como la capital de antiguos y nobles linajes, incluyendo el del rey Rama. De acuerdo a la Derecha Hindú, la antigua mezquita, edificada por el emperador mogol Babar, se hallaba construida sobre un templo dedicado a Rama, lo que la convertía en un símbolo de la violenta invasión del Islam en tierras Indias y de la humillación histórica de la cultura Hindú. La destrucción de la mezquita fue pensado como un acto de reivindicación histórica.

La Derecha Hindú se nutre de una larga y violenta trayectoria ideológica y política. Su núcleo ideológico, y la organización en la que inició su carrera el actual Primer Ministro Modi, es la R.S.S (Rasthriya Swayamsevak Sangh). Fundada en 1925 y autodefinida como una “organización cultural”, la R.S.S. se inició como un grupo nacionalista enfocado en la revitalización de la sociedad India frente al dominio colonial Británico. En 1948, tan solo un año después de la independencia de la India, fue proscrita cuando se descubrió que el asesino de Gandhi, Nathuram Godse, era un miembro activo de la organización. Después de décadas de discreta existencia, la R.S.S. emergió con fuerza de la década de 1980 para consolidarse como un importante foco de oposición al poder del añejo Partido del Congreso. Desde entonces ha servido como el corazón del BJP, el partido que ahora se encuentra en el poder.

La principal bandera de batalla de la R.S.S. ha sido la creación de una “Nación Hindú”. Esta última se define en oposición al nacionalismo secular promovido desde la década de 1940 por los líderes del movimiento anticolonial Indio, en especial por Jawaharlal Nehru. A raíz de la traumática “Partición” de la India Británica en 1947—un proceso en el que más de un millón de personas murieron y más de diez millones se vieron obligadas a abandonar sus hogares a causa de la violencia entre musulmanes e hindús—que culminó con la creación de Pakistán e India, el gobierno de la India se tomó en serio la importancia de promover el secularismo como parte central de su identidad nacional. A los ojos de la Derecha Hindú, sin embargo, esto ha desembocado en una política que sistemáticamente violenta los derechos de los hindús y otorga beneficios exagerados a las minorías, en especial a la históricamente desfavorecida comunidad musulmana. Siguiendo el libreto del fascismo, la Derecha Hindú erigió un proyecto a partir del miedo de los privilegiados frente al ascenso de los oprimidos.

Este mensaje caló hondo cuando la acelerada liberalización de la economía India, iniciada en 1991, comenzó a transformar las estructuras socioeconómicas del país. A partir de aquel momento, el BJP dirigió su mensaje reaccionario a las clases medias urbanas y la pequeña burguesía del país, cuyos miembros anhelaban disfrutar las mieles del mercado libre a la vez que veían con aprensión el ascenso y empoderamiento de las castas, clases y comunidades marginadas. La consolidación del BJP y la Derecha Hindú a principios de los 90s fue el resultado de su capacidad de dotar a estas clases amenazadas con un arsenal cultural—definido por la virtuosa y milenaria tradición hindú—capaz de ayudarlos a defender su privilegio en un momento de enormes cambios.

Después de Ayodhya, la Derecha Hindú adoptó la violencia como parte integral de su programa político. Es digno de recordar la ola de violencia impulsada por los grupos de choque de la Derecha Hindú que azotó al Estado de Gujarat en 2002, la cual causó casi dos mil muertes y mas de 150 mil refugiados, en su mayoría musulmanes, con el beneplácito de las autoridades. Narendra Modi, quien entonces era Ministro en Jefe de Gujarat, nunca ha enfrentado cargos por este episodios.

Desde 2014, año en el que Modi se convirtió en Primer Ministro de la India, los episodios de violencia en contra de las comunidades musulmanas se han vuelto el pan de cada día. Especialmente en el norte del país, la tolerancia de las autoridades y aceptación de la población respecto a los excesos de grupos de choque—incluyendo agrupaciones paramilitares—ha ido en aumento. El miedo entre la población musulmana es constante, y la amenaza de violencia, incluso por parte de la población civil, permanente. Este incremento ha ido acompañado de campañas aparentemente inocuas, como la defensa de las vacas, la promoción de prácticas como el yoga y la meditación, y el patronazgo de festividades y actividades culturales.

Las ambiciones de la Derecha Hindú no se limitan a intentar amedrentar a la minoría musulmana. Con cobijo del gobierno, grupos como la R.S.S. han colocado militantes en posiciones de poder de casi todas las instancias institucionales, a nivel federal y estatal. Esto incluye universidades y las comisiones de escritura de los libros de historia, a través de los cuales se busca re-escribir la compleja historia del subcontinente a partir de una óptica religiosa, intolerante y violenta. Más allá del poder parlamentario, el objetivo final de estos grupos es forjar una nueva élite política y un nuevo modelo de nación.

En caso de obtener una victoria en las próximas semanas, el BJP de Narendra Modi podría acabar por consolidar el poder de la Derecha Hindú en la India. A la cabeza del segundo país más poblado del mundo, Modi podría emerger como el mandatario de derecha más importante del planeta. De manera más preocupante, armado como está de un arsenal ideológico probado y un aparato político efectivo y motivado, podría erigirse como el principal y más poderoso representante en la deriva hacia el neo-fascismo que estamos presenciando a lo largo y ancho del mundo, tanto en el Primero como en el Tercero.

Hay muchos motivos para alarmarse por la fuerza de la Derecha Hindú. No es una exageración afirmar que el curso futuro del neo-fascismo internacional, que hoy en día vemos desplegándose en Brasil, Estados Unidos, Filipinas y a lo largo y ancho de Europa, lo decidirán los votantes Indios en las próximas semanas.