El trabajo de limpieza de inmuebles: precario e invisibilizado

 

Dossier

Mariana Morales

La Ciudad de México es la tercera más grande del mundo, con una gran actividad comercial y de servicios. Se encuentra entre los primeros lugares, como ciudad para invertir y emprender negocios y su industria inmobiliaria es de las más dinámicas del continente americano. Por esos motivos, en ella se ha desarrollado una industria de servicios de limpieza de grandes dimensiones, que opera a través de decenas de empresas prestadoras de este servicio, conocidas como outsourcing. Según investigaciones de la Fundación en Pro de la Educación Sindical, existen más de 160 mil personas que laboran en este sector, de las cuales 30 mil laboran en espacios de oficinas de alto nivel.

Las mujeres y hombres que trabajan en el sector de limpieza subcontratado padecen de constantes violaciones a sus derechos humanos laborales, y no se cumplen los estándares con los que se valora la existencia de trabajo digno en estas actividades.

Sus salarios raramente rebasan los 100 pesos (5.31 usd) por una jornada de trabajo de 8 horas, carecen del pago de la mayor parte de las prestaciones establecidas en la ley Federal del Trabajo, en muchos casos no se les inscribe al servicio de salud pública (IMSS) y no cuentan con contratos colectivos de trabajo genuinos. La inestabilidad laboral es característica de este sector y la rotación en estos puestos de trabajo también es muy elevada.

Así lo confirma Patricia, trabajadora del Sistema de Transporte Colectivo Metro. La empresa que la subcontrata le paga cada quincena $1600, no tiene prestaciones, no firmó contrato y no tiene seguridad social; a sus más de 60 años no tiene la expectativa de una jubilación pues ya le explicaron que es una prestación a la que no tiene derecho, a pesar de trabajar desde hace 10 años en el mismo lugar. Jamás ha tenido vacaciones y nunca se las han pagado. En circunstancias similares,  Claudia debe viajar desde Ecatepec, una de las zonas más pobres y violentas de la metrópoli, hasta Santa Fe, una de las lujosas y exclusivas de la Ciudad; gana $1800 a la quincena, “más que en otras empresas”, le dijo su patrón, y ese es el motivo por el que no tiene prestaciones, según le explican. 

Claudia es jefa de familia, debe apoyar a sus dos hijos y a su nieto, paga renta, servicios y, por supuesto, sus servicios médicos. Muchas de las trabajadoras deben doblar turno o hacer otras labores, como comercio ambulante, trabajo doméstico, venta por catálogo entre otras, de lo contrario “no nos alcanzaría ni para comer, pues debo apoyar a mi familia, a mis hijos, que quiero que sigan estudiando para que no terminen como yo”, menciona Claudia al preguntarle cómo le hace para sobrevivir con $3600 pesos al mes. 

En 10 años de trabajo de la Fundación en Pro de la Educación Sindical, hemos podido constatar que el salario de las y los trabajadores solamente ha incrementado $200 pesos en promedio. En México, el salario mínimo es establecido por la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, que es una instancia con representación de los patrones, el gobierno y las centrales sindicales tradicionales y actualmente está fijado en $102.68. Sin embargo, investigadores del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Universidad Nacional Autónoma de México aseguran que el costo de la Canasta Alimentaria Recomendable, que únicamente contempla 40 alimentos para la ingesta diaria de una familia de 4 personas, en diciembre de 2018 era de $264.84 diarios; mientras que el salario mínimo estaba fijado en $88.36. Evidentemente, las personas que laboran en el sector de limpieza subcontratado se encuentran entre las peores remuneradas en México, cobrando salarios que distan de satisfacer sus requerimientos mínimos para una vida digna.

Cabe mencionar que el 80% de las personas subcontratadas para esta labor, son mujeres; y un 40% de éstas son cabeza de familia. Estas mujeres deben salir de casa por la madrugada y volver hasta después de las 10 de la noche, recorriendo largas distancias, cosa que las pone en total riesgo en un país en el que asesinan a una mujer cada 2 horas y media. Muchas mujeres trabajadoras de limpieza nos cuentan que son víctimas de acoso sexual por parte de sus supervisores e incluso por los usuarios de las oficinas en las que laboran y que, al negarse, son castigadas asignándoles las labores más pesadas o desagradables o las hacen trabajar horas extras. Al llegar a sus casas, también son violentadas por sus parejas que casi nunca están de acuerdo con que trabajen a pesar de la precariedad en la que vive la familia. 

Son mujeres que cuidan a sus familias, que quieren sacarlas adelante y hacen esfuerzos para sobrevivir con esos salarios, mientras tratan de alejar a sus hijos e hijas de la delincuencia, de las drogas, de embarazos tempranos, deserción escolar; pues normalmente viven en zonas de alta marginación, pobreza y las catalogadas como más violentas y peligrosas de la Ciudad. 

Esta es una breve radiografía de las trabajadoras y los trabajadores de limpieza, esos seres invisibles para la gran mayoría de nosotros. Hombres y mujeres que creen no merecer un presente y futuro mejor por no haber concluido la primaria, por ser indígenas, por ser mayores, por ser mujeres; sin darse cuenta de que esta ciudad funciona gracias a su trabajo especializado.