Arreglos políticos y productivos: la necesidad de rearticular derecho y trabajo

 

Dossier

Edgar Belmont

En una reciente reunión de trabajo para discutir los retos de la clase trabajadora en el marco de la actual política gubernamental y las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo, las preguntas giraron alrededor de los cambios jurídicos que acompañan la llamada Cuarta Transformación; las inercias, continuidades y rupturas del sindicalismo mexicano y las lógicas de control y dominación que imperan en el espacio productivo. Dichos aspectos exigen un análisis de mayor profundidad, pues si bien es prematuro establecer conclusiones sobre la recomposición de las organizaciones sindicales, es necesario observar no sólo tendencias como la baja sindicalización que impera en el país y el dominio de una lógica productiva que instrumentaliza la relación con el trabajo y que ejerce un control efectivo, aunque no total, sobre la fuerza de trabajo. Ante el supuesto de la paz laboral o de la negación de la conflictividad laboral, son múltiples las anécdotas o situaciones que producen sentimientos de injusticia. Frente a ello, nos interrogamos sobre las tensiones que se observan en el terreno laboral y que dejan al descubierto la confrontación de lógicas divergentes y contradictorias.

La reforma laboral apuesta por la definición de un marco que permita fortalecer la dinámica política en las organizaciones sindicales y los procesos de negociación colectiva. Apelando a la libertad sindical y a la democratización de la vida interna de las organizaciones sindicales, se espera que los trabajadores tomen la palabra e intervengan en la definición de la agenda sindica. Del mismo modo, se promueve que exijan una “rendición de cuentas” a las dirigencias sindicales, las cuales deberán están abiertas al escrutinio de las bases. Estos principios cívicos, acordes con la libertad política, entran en tensión con las lógicas de control que imperan en el espacio productivo. Cuestionan el lugar que se da tanto a la crítica como al derecho a disentir, lo que supone analizar las condiciones en las que se hace uso de la palabra.

Recuperar y hacer uso de la palabra se articula con un proceso de formación política, con la conversión del trabajador en la figura de militante que reivindica, a través de la acción sindical, la defensa del colectivo. Romper con las prácticas verticales de los “asesores sindicales” y de las representaciones o dirigencias sindicales, sugiere abrir espacios de deliberación en los centros de trabajo y agilizar la comunicación de la base con los representantes, por ejemplo, en los procesos de negociación colectiva. Hasta ahora, dicha condición no es de interés para la empresa que, por el contrario, promueve la sensación de aislamiento y de individualidad.

En este proceso importa la circulación de información entre la empresa y los trabajadores, así como en el seno mismo de la organización sindical. Constituye en sí un tema que es necesario debatir en la definición de arreglos contractuales y de los estatutos sindicales. Por ejemplo, la violencia salarial que produce silencio: el trabajador prefiere callarse o guardar silencio ante una injusticia, so pena de perder la fuente de trabajo. Otra dimensión a considerar es la fragmentación de los colectivos de trabajo, producida a causa de la segmentación del mercado interno de trabajo y las distintas formas de contratación que convergen en un mismo espacio laboral (desde los protegidos hasta los más vulnerables). También influye la tercerización de actividades como práctica, en esencia, para reducir costos laborales y, en general, para generar ganancias y controlar la fuerza de trabajo. Comprender las paradojas que se construyen en la aspiración de democratizar la vida sindical y de fortalecer la negociación colectiva, obliga a tener presente las exigencias productivas, la lógica de  gestión de los recursos humanos y la dimensión política que está detrás del trabajar por indicadores. Estos son los dispositivos que han contribuido a individualizar la capacidad de resistencia del trabajador como persona, no tanto como colectivo.

La importancia de comprender y de rearticular las situaciones normadas por el derecho laboral con las dinámicas que se construyen en el espacio de trabajo es una tarea pendiente. Se vuelve indispensable repolitizar el trabajo y salir de la lógica instrumental que impera en la organización del trabajo. Además de la formación sindical, de proteger a quien ejerce el derecho a disentir o a quien hace uso de la palabra en nombre del colectivo, es importante hacer un ejercicio de reflexión sobre las contradicciones y las paradojas en las que nos encontramos como trabajadores. Si bien es difícil salir de la dinámica de cuantificación, reivindicar la construcción de indicadores sociales que se articulen con los referentes normativos que se ponen en juego en el debate sobre la reforma laboral es un ejercicio al que estamos convocados.